Donald Trump y Xi Jinping se reunieron en la Casa Blanca en una cumbre que combinó gestos de ostentación diplomática con avances concretos escasos. Recibimiento personal a pie de pista, despliegue de trompetas y banderas, cena de Estado con más de 130 invitados y un recorrido por las obras del futuro salón de baile de la Casa Blanca compusieron el marco de un encuentro pensado, según los analistas, para transmitir que ambos líderes pueden gestionar su rivalidad dentro de límites tolerables.
Trump habló de una "verdadera gran amistad". Xi, más reservado, prefirió el término "relación personal" y llamó a que las dos potencias "coexistan en paz".
Tregua comercial, pero con fecha de vencimiento
El resultado más concreto de la cumbre fue la extensión de la tregua comercial que puso pausa a la guerra arancelaria que sacudió la economía mundial en 2025. Sin embargo, el acuerdo alcanza solo hasta el 10 de enero, un plazo que los analistas vinculan con las elecciones de medio mandato estadounidenses de noviembre antes que con una voluntad de resolución estructural. "No creo en un cambio profundo o duradero en la dinámica estructural de la rivalidad estratégica", advirtió Jared Mondschein, del United States Studies Centre de la Universidad de Sídney.
Taiwán, la línea roja de Xi
El presidente chino pidió que Washington tratara con "prudencia" el asunto de Taiwán y reclamó abiertamente que Estados Unidos se opusiera a su independencia, que China considera parte integrante de su territorio. Los expertos no esperan cambios reales en la postura estadounidense. "El presidente Trump puede hacer declaraciones que vayan en contra de la política tradicional, pero eso no se traduciría necesariamente en un cambio real", señaló Bates Gill, del National Bureau of Asian Research.
Irán: China como mediador incómodo
Xi expresó su deseo de que Estados Unidos e Irán lleguen a un acuerdo negociado "lo antes posible". El pedido refleja la posición incómoda de Pekín: como socio clave de Teherán, China sufre las consecuencias del conflicto impulsado por Washington e Israel, y Washington, a su vez, espera que Pekín contribuya a hacer ceder a Irán.
Inteligencia artificial: consenso en el diagnóstico, desacuerdo en la solución
Xi planteó que ambas potencias tienen la "responsabilidad de garantizar que el desarrollo de la inteligencia artificial esté siempre bajo control humano". Trump, en cambio, dejó en claro que prefiere mantener las cosas "exactamente donde están", en alusión a los pedidos de regulación. "Hay un amplio consenso sobre los riesgos vinculados con la inteligencia artificial, pero no sobre la manera de gestionarlos", resumió Dylan Loh, de la Universidad Tecnológica de Nanyang.
Los gestos menores y la advertencia de fondo
Xi prometió invitar a 100.000 jóvenes estadounidenses a China en cinco años y anunció el préstamo de dos pandas a un zoológico de Atlanta. En paralelo, volvió a advertir sobre la "trampa de Tucídides", la teoría que plantea una mayor probabilidad de conflicto cuando una potencia emergente compite con una establecida. Un recordatorio de que detrás de la pompa y los gestos, la rivalidad entre China y Estados Unidos sigue su curso.